lunes, 2 de enero de 2017

La no violencia activa

En su mensaje del 1º de enero para la jornada mundial por la paz, el papa Francisco ha invitado a la “no violencia activa”, como un estilo de vida a seguir. ¿Es posible proponer esto con la violencia que vive el mundo? Estamos ante una violencia diseminada, “una terrible guerra mundial por partes que provoca gran sufrimiento: guerras en diferentes países y continentes; terrorismo, criminalidad y ataques armados impredecibles; abusos contra los emigrantes y las víctimas de la trata; devastación del medio ambiente”. En la lógica globalizante de hoy también se globaliza la indiferencia, por eso el Papa invita a la no violencia activa.

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La no violencia, a menudo, "se entiende como rendición, desinterés y pasividad, pero en realidad no es así". El Papa explica que “se trata de un método político fundado en la primacía de la ley”, esto implica defender los derechos de las personas y poner primero la igual dignidad de todos; solo entonces, la no-violencia puede constituirse en un camino realista y esperanzador para superar los conflictos armados. Desde esta perspectiva, es importante que se reconozca “la fuerza del derecho, en vez del derecho de la fuerza”.

“Para conseguir la paz, dirá, se necesita valor, mucho más que para hacer la guerra. Se necesita valor para decir sí al encuentro y no al enfrentamiento; sí al diálogo y no a la violencia; sí a la negociación y no a la hostilidad; sí al respeto de los pactos y no a las provocaciones; sí a la sinceridad y no a la dobleza. Para todo esto se necesita valor, una gran fuerza de ánimo” (8-6-14).

Por eso, y recordando a Benedicto XVI, dice: "el amor a los enemigos constituye el núcleo de la revolución cristiana". Porque "el verdadero campo de batalla, en el que se enfrentan la violencia y la paz, es el corazón humano", por eso, "ser hoy verdaderos discípulos de Jesús significa aceptar su propuesta de no violencia".

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