jueves, 8 de diciembre de 2016

NUESTRO AMIGO SHEEN

Conocemos, mi hermano Rafael y este servidor, a Miguel desde hace unos meses; era uno de nuestros estudiantes de la Cámara de Comercio de Lima en la primera corte del Diplomado de Marketing Digital Estratégico. Recientemente se casó y fuimos invitado a su linda boda. Allí estaba su esposa, orgullosa de quien ahora se convierte en su compañero para toda la vida, para las buenas y para las malas... para lo que venga. No nos queda duda que ellos son una pareja progresista, con visión de algo diferente y mejor. No hubo detalle que no se contempló, todo estaba en su justo sitio y en su justa medida. Todo un ejemplo de como se debe caminar por la vida. Estamos seguros que siempre tendremos buenas noticias de ustedes y en el augurio de toda la felicidad que viene, permítannos parafrasear al gran Jorge Bukay:



Voy andando por un sendero.

Dejo que mis pies me lleven.
Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorte la silueta de una ciudad. Agudizo la mirada para distinguirla bien. Siento que la ciudad me atrae.
Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo. Todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esta ciudad. Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.
Me imagino que todo eso está en esa ciudad. Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa. 
Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso. Temo... dudo.
Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto... Consigo pasarla. Me repongo y sigo caminando.
Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado. Me sorprende un abismo que detiene mi camino. Me detengo. Imposible saltarlo
Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que está allí para construir un puente. Nunca he sido hábil con mis manos... Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo... y resisto.
Empiezo a construir el puente. Pasan horas, o días, o meses. El puente está hecho. Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado... descubro el muro. Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños...
Me siento abatido... Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca... No dejaré que el muro impida mi paso.
Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire... De pronto veo, a un costado del camino un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad. 
Me recuerda a mí mismo... cuando era niño.


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