sábado, 5 de noviembre de 2016

El maltrato laboral ya no se silencia y puede tener graves consecuencias


Al reintegrarse a su puesto de trabajo como asesora de ventas en la sucursal central de una compañía de telecomunicaciones, luego de haberse tomado licencia por maternidad, una joven mujer denunció, después de unos meses, que comenzó a padecer todo tipo de represalias y tratos denigrantes por parte de su jefa directa. Como resultado, cayó en una espiral de angustia, a tal punto que debió dejar de trabajar por prescripción médica. Pronto, cansada de reclamar y no obtener respuestas por parte de las autoridades de la empresa, la joven empleada se animó a presentar una queja formal ante el Ministerio del Trabajo.
En los ambientes de trabajo, estos juegos perversos de abuso de poder son más frecuentes de lo que muchos imaginan. El problema es muchas veces las agresiones y los malos modos son naturalizados, silenciados, y pasan a formar parte de las reglas tácitas aceptadas como parte del contrato laboral. Pero hay un cambio, y las empresas deben tomar conciencia de que el maltrato puede traer consecuencias graves para la compañía. A diferencia de otros países como Suecia, que fue pionera al establecer en 1992 una ley contra el hostigamiento en los sitios de trabajo, Perú recién se atuvo a darle un marco normativo a la problemática contra la violencia laboral.
Mobbing es un acoso psicológico reiterado y sostenido en el tiempo que produce daños agudos en la salud física, psíquica y emocional de la víctima. Es la manifestación más habitual de la "violencia laboral".

Hay hostigamiento psicológico cuando una persona le ordena a otra tareas humillantes, cuando la ningunea y actúa como si no existiera, cuando no le otorga responsabilidades, cuando la descalifica delante de otros, cuando difunde rumores agraviantes acerca de su intimidad, cuando le echa la culpa de cosas que no hizo, cuando la somete a todo de tipo de burlas o le propina gritos desmesurados. Se produce un cuadro similar al del estrés, pero éste va in crescendo a medida que avanza el proceso de violencia que se padezca.
A la larga los transtornos no tardan en llamar a la puerta de su organismo. Estrés, depresión, insomnio, aislamiento, dolores posturales y cervicales, cefaleas, dolores gastrointestinales y todo tipo de manifestaciones psicosomáticas son los visitantes no deseados que se meten sin pedir permiso en el cuerpo de la víctima.
El bossing se presenta cuando la conducta disvaliosa es ejercida por el jefe hacia sus subordinados. La división jerárquica de los roles en una oficina son el caldo de cultivo perfecto para que personas con inclinaciones déspotas no tarden en ponerle el dedo en la yaga a su nueva víctima, con quien se obsesionan. Toda forma pasiva implica en definitiva complicidad y permisividad. La falta de solidaridad, desafortunadamente, puede generar una cultura de la violencia institucionalizada, que en consecuencia produce un ambiente laboral envenenado.

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